Sprinkles

El bosque silencioso de Mewtwo

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Nadie visitaba nunca a Mewtwo. Por eso se quedó mirando un buen rato la cosita que había aterrizado en el musgo, junto a su pie. Era un petirrojo bebé llamado Pip, con una pluma torcida. —A casa, por favor —dijo Pip, apuntando con el pico a lo alto del gran roble.