Cerca del palacio estaba sentado un gatito pequeño y maullaba bajito. Estaba solito y tenía un poco de frío. Una niña princesa pasó por allí y se detuvo.
La princesa tomó al gatito en sus brazos con mucho cuidado. Lo llevó al cálido palacio y lo cubrió con una manta suave. Luego le dio un poquito de agua y comida deliciosa.
El gatito empezó a ronronear y sonrió con sus ojitos. Se sintió tranquilo porque tenía a una amiga amable a su lado. La princesa lo acarició suavemente en la cabecita.
De repente, otro gatito entró corriendo a la habitación. Olfateó con curiosidad al nuevo amigo y enseguida se hicieron compañeros. Juntos jugaron con una pelotita y corrieron por la alfombra.
Por la noche, los gatitos se cansaron y se acostaron juntos, como dos nubecitas de algodón. La princesa susurró: «Ahora están en casa». Y todos se durmieron felices; así termina este cuento.