Juan cambió la vaca de la familia por cinco habichuelas. Su madre las tiró por la ventana. Para la mañana un tallo verde había crecido más allá de las nubes, y Juan empezó a subir.
Arriba había un castillo con una puerta del tamaño de un granero. Adentro, una gallina llamada Enriqueta estaba sobre un nido de oro. Juan la metió bajo su chaqueta y corrió.
Juan se deslizó por el tallo antes de que el sol estuviera alto. Su madre contó el oro dos veces. —Eso sí —dijo— fue un trato justo.
Pero Enriqueta no puso nada. No quiso comer. Se quedó en el alféizar mirando las nubes, y Juan entendió qué estaba esperando oír.
Juan volvió a subir y tocó la puerta. —Extraña tus silbidos —dijo. Entonces el gigante Zarza silbó, y Enriqueta puso un huevo, y Juan cambió tres habichuelas por un lugar en la mesa.