Había una vez una princesa llamada Lilia, y un día conoció a un niño llamado Mark. Se sonrieron y supieron que serían muy felices juntos. De repente, un gatito pequeño y cansado se les acercó y maulló bajito.
Lilia y Mark le dieron al gatito agua y leche tibia, y enseguida se puso muy contento. Le hicieron una camita suave con una manta. ¡Y al día siguiente llegaron cuatro gatitos más, como si buscaran nuevos amigos!
Todos juntos jugaban, hacían travesuras y perseguían una pelota por la alfombra. ¡Luego llegaron más gatitos y todo fue aún más divertido! Lilia y Mark se reían y decían: "En nuestra casa hay amor suficiente para todos".
Un día, todos fueron a pasear al parque y se quedaron mirando las nubes. Los gatitos corrían tras las mariposas y se escondían en la hierba. Después, todos volvieron a casa y jugaron de nuevo, pero bajito, para que nadie se cansara.
Pronto, la gatita Mura tuvo una hermanita para los gatitos, ¡y junto a ella llegaron muchos bebés más! Había tantos gatitos que casi no quedaba sitio, pero había agua, leche y premios para todos. Lilia y Mark se abrazaron y susurraron felices: "¡Qué familia de gatitos tan afortunada tenemos!"