Había una vez una princesa llamada Lada que vivía en un castillo luminoso junto a un jardín. Un día, se la llevaron muy, muy lejos. Lada no lloró, porque creía que la bondad siempre la encontraría.
El valiente príncipe Orest salió a buscarla y encontró a Lada. Abrió el candado con una llave y la sacó afuera. Pero unas personas malas dijeron que Lada debía hacer un trabajo difícil y no podía irse de inmediato.
Entonces apareció otro príncipe, Myron, con flores y un buen plan. Les pidió a todos que se detuvieran y les recordó que cada persona merece ser libre. Juntos, los príncipes encontraron un papel con un sello que decía que Lada era libre.
Lada se fue con Myron a un nuevo hogar, donde la esperaban mantas calientes y té. Plantaron un pequeño árbol de la amistad en el jardín. Por la noche, Lada dijo: "Ya no estoy sola", y sonrió.
Y luego llegó una señora, la tía Solomiya, con una cesta de pastelitos. Dijo que no venía a asustar, sino a ayudar y a enseñar a hornear las galletas más ricas. Todos juntos rieron, bebieron té y vivieron felices para siempre.