—¡Queda una semana! —graznó el Capitán Drake a través de su silbato brillante. Antes de que los patos pudieran partir en su gran viaje, necesitaban un último ensayo alrededor del estanque. Barnaby se ajustó su bufanda roja y revisó sus gafas de vuelo.
La bandada despegó, pero aún no volaron hacia el sur. En su lugar, practicaron sus movimientos especiales: bucear, descender en picado y planear en círculos perfectos. —¡Mantengan las alas firmes! —gritó Beatrice mientras planeaba junto a Barnaby.
No solo estaban practicando el vuelo; estaban practicando su trabajo secreto. Mientras volaban a través de la brumosa niebla matutina, movían sus alas como si sostuvieran pinceles invisibles. ¡Suish, suish, trazo!
Barnaby se emocionó un poco y probó un triple giro. —¡Cuidado! —gritó, cayendo suavemente en un montón de suaves hojas de otoño. Sacó la cabeza y sonrió. —¡Quería hacer eso!
Con el ensayo terminado, llegó el momento de hacer las maletas. Los patos regresaron contoneándose a la orilla del río, donde sus baúles de cuero los esperaban. No era una mudanza cualquiera; tenían un cargamento muy especial que organizar.
Beatrice empacó sus mejores pinceles con mangos de lunares. Barnaby colocó con cuidado frascos de pintura 'Blanco Nube' y 'Oro Solar' dentro de su maletín, envolviéndolos en musgo suave para que no se rompieran.
El sol comenzó a ponerse, tiñendo el cielo de un color púrpura intenso. Barnaby cerró su maleta con un clic y miró hacia arriba. —Todo está listo —susurró—. La próxima semana, volaremos de verdad.