Pip hizo una casa de paja porque era rápido. Pod hizo una casa de palitos porque era fácil. Bea hizo la suya de ladrillo, y le llevó toda la semana.
Un lobo con un abrigo delgado bajó por el camino. —Voy a soplar y a soplar —dijo. La casa de paja se fue por un lado y la de palitos por el otro.
Los tres cerditos se apretujaron en la casa de ladrillo de Bea y echaron el cerrojo. El lobo sopló y sopló hasta quedarse sin soplo. Los ladrillos no se movieron.
Bea lo miró por la ventana. Él se sentó en el escalón con el abrigo sobre las rodillas. —No tiene casa —dijo ella—. Por eso sigue volviendo.
Así que hicieron una cuarta casa, y el lobo cargó los ladrillos. Sopló y sopló todo el camino cuesta arriba. —Más pesado que una casa de paja —dijo Pip.