Tres chivos vivían en el lado pedregoso del valle, donde el pasto era ralo. Al otro lado de un puente de madera, la colina era verde. Bajo el puente vivía un troll llamado Nudo.
Tris, tras, tris, tras hizo el Chivito Pequeño. —¿Quién cruza mi puente? —rugió Nudo. —Espera a mi hermano, es más grande —dijo el Chivito Pequeño, y pasó dando saltos.
Tris, tras hizo el Chivito Mediano, y entonces el puente entero tembló. El Chivo Grande tapó todo el cielo sobre la baranda. —¿Qué es lo que quieres en realidad? —preguntó.
Nudo levantó una cuerda y tres piedras planas. —Dos tablas están podridas —dijo—. Cada chivo que cruza lo empeora, y nunca nadie se detiene.
Así que los tres chivos cargaron piedras desde el río hasta que se puso el sol. Las tablas nuevas quedaron buenas y gruesas. Tris, tras, tris, tras, y Nudo los saludó al pasar.