En lo profundo de la tierra, Ciudad Topo estaba muy ocupada. Los topos corrían por los túneles llevando bayas, semillas y piedritas brillantes. Milo el Topo también ayudaba, pero no dejaba de pensar en una cosa especial: ¡papas!
Milo tomó su pequeña pala y cavó con cuidado hacia el Túnel del Huerto de Papas. "Espero encontrar las papas más grandes", susurró. De repente, su pala golpeó un espacio vacío y entró una brisa fresca.
Milo se asomó por la abertura y se quedó asombrado. ¡Había otra ciudad subterránea, con linternas brillantes y tiendas de topos muy concurridas! Milo recordó a su hermano Max, quien se había marchado hace mucho tiempo y nunca regresó.
Milo entró en la nueva ciudad y preguntó amablemente: "¿Han visto a un topo llamado Max?". Un topo con una bufanda verde se acercó. "¿Milo?", dijo suavemente, ¡y se dieron un fuerte abrazo porque era Max!
Ambas ciudades organizaron una gran fiesta con guiso de papas, música y baile. La Alcaldesa Mabel sonrió y dijo: "Las familias deben estar juntas". Milo y Max prometieron visitarse todos los días, y vivieron felices por siempre... ¡continuará!