Un golpe suave vino del túnel y un amigo asomó la cabeza con una sonrisa dulce. Milo agitó ambas patitas. "¡Viniste!", susurró, para que el Granjero Fluffy no lo oyera.
El amigo se acercó a la gran caja y le dio un toquecito con un dedo. Entonces, ¡zas!, ¡la levantó como si fuera una pluma! La multitud de Villa Topo miraba con ojos grandes y asombrados.
"¿Listos?", llamó la Alcaldesa Mabel, sosteniendo su mapa. El amigo lanzó con cuidado la caja hacia la entrada del túnel. ¡Se deslizó rápido, como un trineo cuesta abajo!
¡Pum-pum-pum! La caja pasó volando por el túnel y todo lo que había dentro se sacudía y saltaba. Farolitos, piedritas y piezas del túnel salieron volando y cayeron de nuevo en su lugar, como un rompecabezas encajando.
Al fin, Villa Topo estaba de nuevo bajo tierra, donde debía estar. Milo y Max ayudaron a enderezar un cartelito mientras la multitud aplaudía. La Alcaldesa Mabel sonrió: "Lo logramos juntos", y todos se sintieron seguros otra vez… ¡continuará!